José Luis Romero supera el exigente y helado reto de la Yukon Quest

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La YAU tiene lugar en territorio Yukón, región del norte de Canadá con frontera con Alaska. Puede disputarse a pie, en bici y sobre esquís. Existen asimismo varias distancias: Maratón (26 millas), 100 millas y 300 millas; y cada 2 años, 430 millas. El recorrido discurre por las pistas de la Yukon Quest, la carrera de perros de trineo más dura que existe, que une Fairbanks (capital de Alaska) con Whitehorse (capital de Yukón). El miguelturreño José Luis Romero Muñoz ‘El Topo’ nos detalla su experiencia.

La Yukon Quest supone todo un acontecimiento en la región y sus 1000 millas de pistas se abren paso entre ríos, lagos y bosques, todo absolutamente helado en el mes de febrero, cuando tienen lugar estas pruebas. Lo que hace diferente a esta carrera al resto de ultras de larga distancia es que debes de arrastrar todo el recorrido un trineo con todo tu material necesario (18-20Kg) y las bajísimas temperaturas (-50 grados de sensación térmica). La primera edición se realizó en el año 2003 y hasta el momento, tan solo 10 españoles han conseguido finalizar algunas de sus modalidades.

Los requisitos para poder participar son:

  • Amplia experiencia en carreras de larga distancia
  • Conocimientos de inglés
  • Curso de prevención de hipotermia (Gobierno de Canadá)

Sobre el 2008 en una revista de tirada nacional pude ver una imagen que me conmovió, aparecía la cara de un hombre tapada casi por completo y cubierta de hielo. El titular decía. La carrera más fría y dura del planeta. Desde ese preciso momento siempre ha estado en mis pensamientos. Pero, evidentemente, participar en un reto deportivo de esta envergadura no se puede hacer por impulsos, así que tan solo espere a sumar experiencia cada año en diferentes pruebas de largas distancias. Y, por fin, entendí que este 2019, era el año para probar suerte.

El entreno para llegar hasta aquí consiste en meses antes habituar tus piernas y cabeza a largas distancias, con tres meses antes necesitaba simular el peso del trineo que llevaría en la prueba. Así, entrenaba con un arnés al que enganchaba una rueda de coche. Por último, habituarme al frío (la parte más difícil, porque es imposible encontrar una cámara que esté a -50 grados). No obstante, y gracias a mi amigo SACRA de distribuciones sacra, encontré un huequecito donde poder practicar a -18 grados.

La salida se produjo el pasado domingo día 3 de febrero con una sensación térmica de -52 grados bajo cero, aunque la previsión para el resto de días bajaría hasta los -30. En la salida, 80 participantes para todas las modalidades. Juan Carlos Nájera haría las 300 millas en bicicleta (retirándose en las 100 millas por congelación en los dedos) y Pablo Criado a las 100 millas, y quien finalizó en segunda posición.

Para mi quedaban por delante 48 horas de verdadera aventura y la verdad que mucho sufrimiento. Los primeros 30 kilómetros disfruté mucho, la temperatura descendió a los 35 bajo cero, el sol brillaba y aunque el grupo de los 80 se había separado, casi siempre, podías ver la silueta de algún atleta o bien por delante o por detrás. La verdadera carrera comenzaba a la caída de la noche.

Totalmente solo en los bosques de Canadá y habiendo firmado previamente un documento que eximias a la organización de muchas cosas, entre ellas ataques de animales. ¡La verdad, que tranquilo, tranquilo, no iba!. Siempre he pensado que las situaciones se afrontan de diferente manera con una actitud positiva. Por tanto, y como había entrenado (esto también se debe de entrenar), saque del cajón de la memoria recuerdos positivos y a ver el momento como una oportunidad. Y, evidentemente, todo cambió en ese mismo instante. Cerca de las 02.00 horas monte la tienda de campaña para cenar y descansar unas cuatro horas.

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Sobre las 6 de la mañana me puse en marcha, estaba nevando. Por un lado, buena noticia porque regulaba aún más la temperatura, pero los tres o cuatro dedos de nieve blanda que cubrían el suelo dificultaba considerablemente el avance del trineo. Durante las horas siguientes avance con rapidez llegando al medio día al último chek point Km 98. Allí, el panorama fue un poco desolador. En estos puntos, los médicos de la organización revisaban tus dedos de manos y pies, orejas, nariz y mejillas. Si encontraban indicios de congelación o veían que estabas demasiado agotado, te quedabas fuera directamente de la carrera. Por tanto, en este punto ya estaban los primeros abandonos y con las congelaciones claramente latentes en los dedos.

Al 98 llegue bastante justo de fuerzas, necesitaba secar ropa, hidratarme y comer bien, y en dos horas estaría preparado para el tirón final a meta. Y así fue, después de que los médicos me dieran el ok para continuar y decirme que era el tercero en mi categoría, arranque con una fuerza brutal, cogí un buen ritmo y tenía claro que la YAU estaba muy cerca.

Caminaba con energía, entusiasmado, el atardecer muy soleado y un paisaje precioso, había dejado de nevar y la presión barométrica del reloj me decía que se quedaría una noche despejada. Y fue el momento de replantearme el porqué estaba allí. ¿Para acabar pronto o para disfrutar de la experiencia?, sin más, elegí de nuevo un lugar precioso para instalar la tienda y mi plan sería cenar tranquilamente, dormir un poquito y continuar a la noche para intentar ver auroras boreales. Sin duda, ha sido unas de las mejores decisiones que he tomado en una carrera.

No me había planteado cómo sería la entrada a meta, pero lo que no me esperaba es que estuviera solo el fotógrafo. Aun así, cuando le vi y sin conocerle de nada, le di un abrazo como si fuera mi hermano. Por último y antes de pasar a recoger la medalla de finisher a la zona de control, me desenganche del trineo y le di una buena patada. Me quede bien agusto.

CONCLUSIONES PERSONALES

“Necesito reflexionar mucho sobre esta carrera, aquí estaba claro que la meta no era el objetivo, sino llegar entero. El frío ha sido tan grande que me produce una mala sensación al pensarlo. Robert Pollhammer (director de carrera) me entrevistó vía Skipe para alertarme de los peligros de esta prueba y donde deja claro que puedes morir. No eres consciente hasta que ya estas en la prueba. He pasado miedo, aunque feliz por haberlo controlado. ¿Las 430 millas sería un siguiente paso?. No a corto plazo”.

Fuente: José Luis Romero ‘El Topo’

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